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Sexo - Relatos eróticos

Eduardo, el de la curva peligrosa

Publicado: 2017-07-20 - (material solo para adultos)

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Mi nombre es Federico y soy famoso entre mis amigos(as) por seducir celadores de sus edificios y de cualquier propiedad si soy honesto, donde pongo el ojo pongo la boca.

Tengo libretos que aplican perfectamente para cada caso y rara vez no logro culiar con el que me proponga. No es sobradez sino experiencia, ya que hace algunos años también me pegué mis estrelladas. Supongo que a cada quien le pasa lo mismo. Tengo como regla no tener estas aventuras en mi sitio de vivienda.

Llegué cansado y muy tarde al apartamento aquel lunes lluvioso de mierda en que nada había salido bien y para empeorar las cosas habían cambiado al celador de nuevo (había pasado dos veces en el último mes), hice señas con las luces, esperé un tiempo, volví a hacer señas y finalmente lo que no quería hacer, pitar! Luego de unos segundos aparece desde adentro de la puerta del parqueadero una persona que me dice que es nuevo y que lamenta no haber abierto rápido pero tenía un problema con el interruptor, me pidió que le diera un momento. Rápidamente noté su acento costeño.

Volví a mi carro y le subí un poco a la música. A los pocos segundos se abrió la puerta. Aparqué y a pesar de que podía agarrar el ascensor desde ese piso, bajé a la recepción a conocer el celador.

No podía creer que cerrara mi día de una forma tan agradable. Era un hombre de 1.85 mts de altura mas o menos, cuerpo atlético, manos enormes y espalda muy ancha. Todo un semental. Pero además con unas facciones casi de modelo y para rematar ojos color miel. Los dientes perfectos. Su bella cara estaba marcada por una pequeña cicatriz pero muy visible; "marcas de pelao" como me lo contaría más tarde. Me presenté, el hizo lo propio. Eduardo era su nombre.

Me contó que tenía dos niñas y que era de Riohacha, que aquí en Bogotá vivía con una mujer mayor que le alquilaba una habitación con pensión completa. Hablamos un rato y emprendí mi cacería violando mi propia regla, pero que va, ese lunes (casi martes) había que arreglarlo.

Para no hacer el cuento largo, eché mano al recurso de la mano muerta o la mano pícara y al poco tiempo de estar de pié hablando, ya mi mano empezaba a acariciarle su bulto. Obviamente me ubiqué estratégicamente para que las cámaras de la recepción no me pillaran.

Con una hermosa risa me preguntó tímidamente:

- ¿Qué hay para hacer?

Que a buen entendedor quiere decir "cuánto vas a tirar o a dar".

Aquí puedes decir que no o decidir si te lanzas a cuadrar algo. Le pregunté qué de cuanto tiempo disponíamos y me dijo que después de su ronda, podría ser una hora o dos. El me timbraría para estar atento y vernos en el pequeño ginmasio en donde no hay cámaras y sería cómodo y bien curioso culiar.

Esperaba con ansias a que sonara ese citófono. Por fín timbró. Me alisté y bajé con un porro. Al llegar al gimnasio prendí el porro y empecé a fumar al pié de un patiecito que no dejaba que el olor se colara por ninguna parte. Eduardo llegó y dijo

- Me guió el olor, que rico...

Sin ninguna complicación nos fumamos el porro. Terminamos de fumar y los nervios se fueron. Entramos al gimnasio.

- Eduardo seguro no nos pillan aquí (pregunté)
- Seguro. Ya entraron todos y a esta hora no sale nadie. Relajate. ¿Qué te gusta hacer?
- Chuparla bien rico, besar, acariciar y que me la entierren... eso si depende de que tan rico lo hagan
- Entonces te vas a amañar, por que aquí lo que hay es buena verga

Sin esperar me lancé sobre su boca y le di un beso. Era experto, me besó riquísimo, despacio pero rico, al cabo de un rato ya su lengua recorría mis encías, dientes y me perforaba como mandándome mensajes subliminales de penetrarme.

Rápido le desapunté la camisa, sin embargo debajo tenía otra camiseta, así que fue difícil llegar a sus pezones, pero hí estaba yo lamiendo, chupando y mordiendo sus tetillas. Eduardo aceleraba su respiración, le gustaba.

Su falo estallaba dentro de ese pantalón, mandé la mano para tocar.

Su bulto estaba rígido, su verga se dibujaba claramente en el pantalón. El se quitó el cinturón del arma. Menos mal, eso me dió mas tranquilidad.

Lentamente solté el otro cinturón, desapunté su pantalón. Puse mi cara contra su pantaloncillo, me encanta oler el humor del macho entre sus piernas, eso me arrecha mucho más.

Lamía su glande y sus bolas por encima del pantaloncillo cuando me dijo

- Ven chúpamela bien rico que hace rato no me lo hacen

Saqué su verga. Esa verga mide un poco más de 21 centímetros por encima (ya se la he medido) y es gruesa, cuando la rodeo con la mano, el dedo pulgar no se toca con el índice, esa es mi forma de medir ;) Un poco torcida hacia abajo. Se nota que de pequeño le obligaron a poner su verga hacia abajo por lo grande. Salvo esa inclinación, era una verga hermosa, con un prepucio abundante pero que se recogía todo al momento de estar bien dura y erecta.

(El autor asegura que las fotos provistas por él son reales y corresponden al personaje)

Empecé a chuparsela con suavidad. Soy muy cuidadadoso y dedicado al momento de mamar. No me cabía en la boca por más esfuerzo que hacía. SI debo decir que por su forma encorbada facilitaba metérsela bastante en la boca. Sus bolas eran maravillosamente grandes, pesaban bastante. Las agarré, las apreté, las chupé, ese hombre se enloquecía y se retorcía cuando se las lamía y las metía todas dentro de mi boca. Como su cuerpo era casi lampiño, sus bolas tenían un vello muy suave.

Seguí chupando con intensidad. Soltaba bastante precum, salado, cristalino... yo lo devoraba todo. Estaba dispuesto a tomarme todo su precum y leche.

- Me vas a hacer venir y te quiero dar por ese culito - me dijo -

De inmediato paré de chupar. Me desvestí. Ahora era él quien me besaba, me daba lenguetazos por todas partes, me daba mordiscos fuertes, palmadas, incluso me agarró fuertemente. Eso me encantó. De repente me puso en cuatro en una de los asientos de las máquinas y empezó a chuparme el culo. Me dilató de tal manera que mi cuerpo pedía su pene.

- ¿Tienes preservativo?

- Claro

Los busqué entre los bolsillos de mi pantalón. Le puse uno. Por la forma del condón sabía que estaba a punto de meterme algo grande y además torcido hacia abajo.

Me unté bastante lubricante. Eduardo empezó a metérmela en cuatro. Despacito, rico. Poco a poco fue entrando esa verga. Dolía bastante la entrada de esa curva, pero ahí estaba la gracia.

- Se te fue toda, hasta el peque, sabroso, que culito mas caliente... (me decía)

- Dale flaco, despacio pero toda nené...

Sentía sus guebas golpeándome el culo. El hombre se movía con ritmo. Sin afanes. La metía con tal intensidad y ritmo que generó una especie de vacío mi culo con su verga. Afortunadamente me hice un excelente aseo !!!

Este hombré seguía moviéndose sin contemplación. Me susurraba todo el tiempo: "que culo mas ricooo" La sacaba toda y la metia toda. Mi culo ya no ofrecía resistencia. Me volteó boca arriba, en pollo asado sentí su curva de la manera más intensa y un poco dolorosa... pero y quién quería parar a semejante semental???

Nos hicimos en el piso del gimnasio, allí me puso boca abajo y me penetraba hasta el fondo apretándome con sus rodillas las piernas y con sus manos mis glúteos. Lamía mi espalda, me agarró por el pelo... no faltó nada para saber que quería sentir que me dominaba. Yo estaba feliz con su forma de culiarme.

Me senté en su verga de frente a él, su espalda era grande, al abrazarlo se sentía su respiración fuerte y sus embestidas con fuerza. Me presionaba hacia abajo para que su verga entrara aún más. Yo subia y bajaba tratando de sacar casi toda su verga para meterla después hasta las bolas, eso lo ponía muy excitado.

Me levanté de su verga, saqué el condón y emepecé a chupar su verga con fuerza. Yo bajaba todo, estaba tan excitado que casi me la tragaba toda. Sentía con mi lengua que su gran verga estaba cada vez más dura, sus bolas se achicaban, una explosión de leche era inevitable.

Tomé sus bolas entre mis manos y las apreté un poco, mamé al vacío su glande, sentí su gran tamaño y palpitación... bajé la verga hasa la base, apreté suavemente y solté sus testículos... ese hombre gritó de placer y soltó su semen a borbotones. Mi boca y garganta estaban llenas, yo me la tomaba con absoluto placer... seguí mamando y Eduardo saltaba. Limpié cada gota con mi lengua.

Increiblemente sonó el timbre en la portería en ese preciso instante.  Eduardo se acomodó el uniforme como pudo y se fue a su puesto. Igual hice yo y me subí al apartamento. Hasta hoy, Eduardo y yo tenemos sexo casi todas las semanas, igual creo que vacila con otra loca del edificio... pero yo no tengo líos con eso.

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