La epidemia de la soledad gay
BogotaGay Logotipo
BogotaGay Logotipo
Opinión

La epidemia de la soledad gay

Publicado: 2017-07-29 - (material solo para adultos)

Compartir

En EEUU muchos jóvenes homosexuales se sienten aislados; no son un caso único: sus historias suceden en todo el mundo.

"Antes me emocionaba cuando se acababan las metanfetaminas".

Este es mi amigo Jeremy.

"Cuando son tuyas", dice, "tienes que seguir usándolas. Cuando se acaban es como: 'Bien, puedo volver a mi vida'. Antes aguantaba despierto todo el fin de semana, iba a fiestas de sexo y luego me sentía como una mierda hasta el miércoles. Hace dos años o por ahí me pasé a la cocaína porque así podía trabajar al día siguiente".

Jeremy me cuenta esto desde la cama del hospital, seis historias sobre Seattle. No me contará las circunstancias exactas de la sobredosis, solo que un desconocido llamó a una ambulancia y él se despertó ahí.

Jeremy no es el amigo con el que esperaba mantener esta conversación. Hasta hace unas semanas, no tenía ni idea de que él tomaba cosas más fuertes que martinis. Él es esbelto, inteligente, no toma gluten, es la típica persona que lleva camisa de trabajo independientemente del día que sea. La primera vez que nos conocimos, hace tres años, me preguntó si sabía de algún sitio para hacer CrossFit. Hoy, cuando le pregunto qué tal está en el hospital, lo primero que me dice es que no hay Wi-Fi y que se le están acumulando los correos del trabajo.

"Las drogas eran una combinación de aburrimiento y soledad", afirma. "Los viernes por la noche solía llegar a casa agotado del trabajo y entonces era: '¿Y ahora qué?'. Así que llamaba para que me trajeran metanfetaminas y buscaba en internet si había alguna fiesta esa noche. Era eso o ver una peli yo solo".

Jeremy [no es su nombre real. Sólo algunos de los nombres de este artículo son reales] no es mi único amigo gay que lo está pasando mal. También está Malcolm, que apenas sale de casa —aparte de ir al trabajo— por la fuerte ansiedad que tiene. Y Jared, cuya depresión y cuyo trastorno dismórfico corporal han limitado su vida social a yo mismo, el gimnasio y los ligues por internet. Y también estaba Christian, el segundo chico al que besé en mi vida, que se suicidó a los 32 años, dos semanas después de que su novio rompiera con él. Christian fue a una tienda de artículos de fiesta, alquiló un tanque de helio, empezó a inhalarlo, le envió un mensaje a su ex y le dijo que fuera para allá, para asegurarse de que encontrara el cuerpo.

Durante años he visto la divergencia entre mis amigos hetero y mis amigos gay. Mientras que la mitad de mi círculo social ha desaparecido entre relaciones, niños y barrios residenciales, la otra está luchando con el aislamiento y la ansiedad, las drogas duras y las relaciones sexuales de riesgo.

Nada de esto encaja con la historia que me han contado, la que yo mismo me he contado. Como yo, Jeremy no creció acosado por sus compañeros ni rechazado por su familia. No recuerda que nadie le llamara maricón. Se crió en un barrio residencial de la Costa Oeste y su madre era lesbiana. "Me lo confesó cuando yo tenía 12 años", cuenta. "Y dos frases después me dijo que sabía que yo era gay. En ese momento ni siquiera yo lo sabía bien".

Jeremy y yo tenemos 34 años. A lo largo de nuestra vida, la comunidad gay ha progresado más en la aceptación legal y social que cualquier otro grupo demográfico en la historia. Hace poco, en mi propia adolescencia, el matrimonio homosexual era una aspiración distante, algo que los periódicos exponían con escepticismo. Ahora está consagrado por una ley del Tribunal Supremo. En Estados Unidos, el apoyo público al matrimonio gay ha pasado del 27% en 1996 al 61% en 2016. En el cine y la tele hemos evolucionado desde A la caza hasta Moonlight, pasando por Queer Eye. Los personajes gais son ahora tan comunes que hasta nos permiten tener defectos.

Aun así, aunque celebremos la magnitud y la velocidad de este cambio, los porcentajes de depresión, soledad y abuso de sustancias en la comunidad gay siguen atascados en el mismo lugar en el que han estado durante décadas.

Dependiendo del estudio, los homosexuales tienen entre dos y diez veces más probabilidades de suicidarse que los hetero. Tenemos el doble de posibilidades de sufrir un episodio depresivo grave. Además, parece que los traumas se concentran en los hombres. En un estudio de hombres homosexuales recién llegados a Nueva York, tres cuartos de ellos sufrían ansiedad o depresión, abusaban de las drogas o del alcohol o mantenían relaciones sexuales de riesgo, o una combinación de las tres.

Pese a toda la charla sobre "la familia que elegimos", los hombres gais tienen menos amigos íntimos que los hetero o que las lesbianas. En un estudio realizado entre enfermeros de clínicas de VIH, un participante contó a los investigadores: "No es cuestión de que no sepan cómo salvar su vida. Es cuestión de que sepan si merece la pena salvar su vida".

No voy a fingir ser objetivo en estos temas. Soy un tipo gay, constantemente soltero, criado en una ciudad de un azul intenso por padres de la PFLAG (una organización de Padres, familias y amigos de lesbianas y gais). Nunca he conocido a nadie que haya muerto de sida. Nunca he experimentado discriminación directa y salí del armario a un mundo en el que el matrimonio, un jardincito y un golden retriever no solo eran factibles, sino algo previsto. También he estado dentro y fuera de terapia más veces de las que he descargado y borrado Grindr.

"El matrimonio igualitario y los cambios en el estatus legal fueron una mejora para algunos homosexuales", afirma Christopher Stults, investigador en la Universidad de Nueva York que estudia las diferencias entre los hombres homosexuales y los hetero. "Pero para muchas otras personas, fue un chasco. En el sentido de, vale, tenemos este estatus legal, pero hay algo que no hemos cumplido".

Resulta que esta sensación de vacío no es solo un fenómeno estadounidense. En los Países Bajos, donde el matrimonio gay es legal desde 2001, los homosexuales siguen teniendo tres veces más posibilidades de sufrir un trastorno del estado de ánimo que los heterosexuales, y diez veces más de tener una "conducta suicida". En Suecia, donde se celebran uniones civiles desde 1995 y matrimonios desde 2009, los hombres casados con otros hombres presentan una tasa de suicidios tres veces superior a la de hombres casados con mujeres.

Todas estas estadísticas insoportables conducen a la misma conclusión: sigue siendo extrañamente peligroso llevar una vida como hombre atraído por otros hombres. La buena noticia es que los epidemiólogos y los científicos sociales están más cerca que nunca de entender todos los motivos.

"Hay millones de gais que han salido del armario y que se sienten igual de solos"

Travis Salway, investigador del BC Centre for Disease Control de Vancouver, ha pasado los últimos cinco años intentando descubrir por qué los hombres homosexuales siguen suicidándose.

"El rasgo característico de los gais solía ser la soledad que hay dentro del armario", explica. "Pero ahora hay millones de gais que han salido del armario y que se sienten igual de solos".

Estamos comiendo en un antro. Es noviembre, él llega en vaqueros, zuecos y con un anillo de boda.

"Eres un gay casado, ¿eh?", le digo.

"Y monógamo", afirma él. "Creo que nos van a dar la llave de la ciudad".

Salway creció en Celina (Ohio), una ciudad llena de fábricas en la que viven 10.000 personas. El tipo de ciudad donde, según él, el matrimonio compite con la universidad para la gente de 21 años. Le hicieron bullying por ser gay antes de que él supiera que lo era. "Era un hombre afeminado y formaba parte de un coro", me cuenta. "Eso fue suficiente". Empezó a tener cuidado. Tuvo novia durante la mayor parte de los años de instituto e intentó evitar a los chicos —tanto romántica como platónicamente— hasta que pudo salir de ahí.

Para finales de la década del 2000, ya era trabajador social y epidemiólogo y (al igual que me pasaba a mí) le sorprendía el distanciamiento entre sus amigos hetero y sus amigos homosexuales. Empezó a preguntarse si la historia que siempre había escuchado, la historia sobre los gais y la salud mental, estaba incompleta.

Cuando las diferencias empezaron a hacerse patentes en los años 50 y 60, los médicos creían que era un síntoma de la propia homosexualidad, uno de los muchos síntomas de lo que, en la época, se conocía como "inversión sexual". Sin embargo, a medida que el movimiento a favor de los derechos de los homosexuales empezó a popularizarse, la homosexualidad desapareció del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales y el motivo de la homosexualidad pasó a ser el trauma. Las familias de los hombres homosexuales les echaban de casa, ese amor era ilegal. Por supuesto que los índices de suicidio y de depresión eran muy altos. "Eso pensaba yo también", comenta Salway, "que el suicidio de los gais era cosa de otra época o que solo se suicidaban adolescentes que no veían otra salida".

Pero entonces echó un vistazo a los datos: el problema no solo era el suicidio, no solo afectaba a adolescentes y no solo había casos en zonas homófobas. Descubrió que los hombres homosexuales de cualquier parte del mundo y de cualquier edad presentan unos índices más altos de enfermedades cardiovasculares, cáncer, incontinencia, disfunción eréctil, alergia, asma... lo que se te ocurra. Salway descubrió que, en Canadá, el suicidio era una causa de muerte más común que el SIDA entre los gais (y llevaba siéndolo durante muchos años). Salway cree que también podría ser así en Estados Unidos, pero nadie se ha molestado en estudiar este tema.

"Vemos a hombres gais de los que nunca han abusado ni física ni sexualmente con síntomas de estrés postraumático similares a los que presentan personas que han estado en conflictos armados o que han sufrido violaciones", explica Alex Keuroghlian, psiquiatra del Fenway Institute's Center for Population Research in LGBT Health.

Tal y como dice Keuroghlian, los hombres homosexuales están "preparados para esperar rechazos". Analizamos constantemente las situaciones sociales para encontrar algo en lo que no encajamos. Luchamos por reafirmarnos. Rememoramos nuestros fracasos sociales sin parar.

Sin embargo, el peor de estos síntomas es que la mayoría de nosotros no los concibe como síntomas. Desde que descubrió esos datos, Salway ha empezado a entrevistar a gais que han intentado suicidarse, pero han sobrevivido.

"Cuando les preguntas por qué han intentado suicidarse, la mayoría de ellos no menciona nada acerca de su orientación sexual". En lugar de eso, hablan de problemas sentimentales, de dinero y de trabajo. "No tienen la sensació

Programacion de eventos en Bogota Guia Gay de Bogota Clasificados Gratuitos Acompañantes Varoniles Salas de Chat

Escríbanos a: clientebg@gmail.com

Celular: 57+300 760 6666

Quiero pautar

Política de privacidad

©2017 Copyright BogotaGay.com