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Derechos - Seguridad personal

La batalla legal de Pedro para dejar de ser Sara

Publicado: 2018-02-25 - (material solo para adultos)

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Hace dos años un joven de una ciudad intermedia decidió cambiarse de sexo.

Lo hizo, pero no soportó los portazos del mundo. Cuando quiso volver a su identidad masculina tuvo que sortear apuros legales.

Hoy Pedro es Pedro*. Pero antes también fue Sara. Su historia, inédita en Colombia, encarna una lucha legal por la reivindicación de su identidad y de sus derechos para ser reconocido, primero como mujer, y luego, otra vez como hombre. Pedro nació en 1992 en una ciudad intermedia del país. Estudiante brillante, dos carreras y hoy en proceso de maestría. Sin embargo, hace dos años resolvió que era mujer; lo habló descarnadamente con su familia, les notificó su decisión de cambiar de sexo, de tomar hormonas, de practicarse varias cirugías y de que en su registro civil de nacimiento se indicara que su sexo era femenino.

Con el apoyo de sus padres y la asesoría de profesionales de la salud, Pedro inició el proceso para cambiar de sexo. Pero, antes, Pedro y su familia tuvieron que atravesar las cenagosas aguas de la confusión y del futuro incierto. Despejadas esas dudas y temores, se embarcaron en ese nuevo proyecto de vida. Y todo se oficializó ante una notaría a principios de 2016, cuando Pedro adelantó la corrección del componente de sexo en su registro civil. Su vida fue tal como la imaginó entonces. Ahora se llamaba Sara. Pero pronto vinieron los portazos del mundo. La ojeriza social. Las miradas discriminatorias. El dolor por sentirse ajena. Los desaires laborales.

Sara no soportó tanto desdén. Y muy a pesar de que ya se había realizado varias cirugías estéticas para estar acorde con su nuevo sexo, resolvió volver a ser Pedro. Fuentes que conocieron el caso le narraron a este diario su drama. Entonces Sara regresó este año a la misma notaría de la ciudad intermedia en la que cambió sus registros. Explicó que ya no quería ser Sara, que estaba convencida de que aquello había sido un error, que le permitieran volver a ser Pedro cuanto antes, para dejar de una buena vez en el pasado la humillación y las burlas. Pero, sobre todo, para que cesara su aislamiento. “Mi propia percepción corresponde al sexo masculino”, les dijo.

Ahí empezaron los líos. En la notaría le respondieron que no había obstáculo para cambiar de nuevo su nombre por el de Pedro, pero que no era posible hacer lo mismo con el componente sexual en su registro civil. Le explicaron que, según la ley colombiana, para corregir ese dato tenían que pasar al menos 10 años, y que sólo habían pasado dos en este caso. Sara y su familia quedaron desconcertados. Y recurrieron a la tutela. Allí expusieron que la imposibilidad de modificar su sexo en el Registro Civil anula su “realización personal y compromete su identidad sexual, autonomía y libertad”. En esencia, Sara reivindicó el libre desarrollo de la personalidad.

Una jueza de esta ciudad intermedia estudió el proceso. Convocó a la notaría, a la Superintendencia de Notariado y Registro, al Ministerio de Justicia y a la Registraduría para que emitieran sus conceptos sobre las peticiones de Sara. Todos los voceros de las entidades consultadas señalaron que la norma es muy clara —el decreto 1227 de 2015— en cuanto a que allí se establece como requisito fundamental para la corrección del componente de sexo por segunda vez “la condición de haber transcurrido más de 10 años desde la primera solicitud”. La jueza, sin embargo, decidió que a Sara se le estaban vulnerando sus derechos. El Espectador tuvo acceso al fallo.

Tras evaluar el caso, y citando otros expedientes de la Corte Constitucional, la jueza consideró que el derecho a la identidad sexual es un atributo de la dignidad humana y el libre desarrollo de la personalidad, uno de los pilares sobre los que está edificada la Constitución colombiana, y que por ello resultaba inadmisible la restricción en el cambio de sexo. “Debe señalarse que el accionante tiene una actual definición identitaria de su sexualidad como masculina y en ejercicio de su libre desarrollo de la personalidad ha emprendido acciones externas a efectos de establecerla, pues tal como fue señalado en la demanda, modificó nuevamente su apariencia”, dice el documento.

En tal sentido, la jueza determinó, como medida excepcional y en virtud de la protección constitucional a la intimidad, dignidad, expresión e identidad de género, que Pedro debía volver a ser Pedro. Al menos en sus registros. La orden fue inmediata: cinco días hábiles para corregir el nombre y el componente de sexo. Todo se cumplió a cabalidad. Hoy Pedro es Pedro. Pero antes también fue Sara. Aunque aquella vida no haya sido la que imaginó.

* Nombre cambiado para proteger la identidad de esta persona.

Enlace El Espectador

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