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Llámame por tu nombre que yo te llamaré por el mío

Publicado: 2018-03-04 - (material solo para adultos)

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¿Qué hace a esta historia de romance gay merecedora de la estatuilla?.

La última película de Luca Guadagnino compite por el podio en los Óscar contra ocho aclamadas cintas.

Todos los amantes eligen cómo nombrar su amor, cómo referirse a él con disimulo en medio de una reunión, cómo gritarlo sin gritarlo sobre una colina. Ese deseo maniatado es la trama de la última película de Luca Guadagnino, basada en la novela homónima de André Aciman, Call Me by Your Name. Un romance entre Elio y Oliver, dos hombres con diez años de diferencia que se desvelan entre sí en algún lugar del norte de Italia en 1983.

Esa película, estrenada el 25 de enero en Colombia, compite por llegar al podio de los Óscares con cuatro nominaciones: mejor película, mejor actor (Timothée Chalamet), guion adaptado y canción original. Aunque no se lleve alguno, la creación del italiano ya es digna de halagos: rodó una cinta independiente que escaló hasta tales premios gracias, entre muchas cosas, a su temática homosexual.

Tal vez no sea la gran cosa porque el año pasado Moonlight, también con un protagonista gay, se llevó la estatuilla mayor. Sin embargo, ese drama estadounidense coronado en 2017 abarcaba otras problemáticas, como la pobreza y el racismo en el momento exacto en el que Donald Trump se posesionaba como presidente de EE. UU.

En el caso de Call Me by Your Name ninguno de esos detalles cuenta. La historia se desarrolla durante un largo verano. El escenario principal es una villa de 1.400 metros cuadrados con pinturas del siglo XVI en la sala, dos hectáreas de jardín con esculturas clásicas y una piscina termal.

Es la casa de los padres de Elio: un famoso arqueólogo estadounidense y su mujer, experta anfitriona, todavía sensual tras medio siglo de edad, fumadora y francesa. Ambos contemplan con amor al hijo, un jovencito de 17 años que disfruta de placeres intelectuales en pantaloneta.

Toca a Bach en el piano y a Franz Liszt y a Ferruccio Busoni. Salta del inglés al francés y al italiano sin dificultad. Traduce partituras sólo con escuchar las composiciones de Arnold Schönberg, escucha novelas decimonónicas que su madre lee en voz alta y se arrulla con libros de literatura que no teme mojar con el agua de los estanques.

A ese mundo hedónico llega Oliver con la idea de aprender arqueología de un maestro citado por la academia. Tiene 28 años, es alto y rubio, lleva un look de galán de época.. Se deleita con Stendhal, discute sobre Heráclito y escribe acerca de Heidegger. Se relaciona de maravilla con los italianos, más con ellas, en quienes causa todo tipo de deseo. Bajo ese paisaje, sereno, soleado, húmedo, se desarrolla un relato idílico por más de dos horas. Es el lugar preciso para sentir por primera vez el amor, esta vez contra lo heteronormativo, porque la ecuación está compuesta por dos hombres. Uno estilizado como una vieja escultura clásica y el otro de formas acentuadas semejante al Hércules mitológico.

Se empiezan a amar. Lo hacen en silencio, a través de la mirada, del espacio que queda entre ambos cada vez que toman un paseo en bicicleta. Se atraen sentados sobre la hierba, en la boca un cigarrillo y un cumplido acorde al conocimiento que comparten. Entonces se llaman por sus propios nombres, pretendiendo así llamar al otro y pedirle de ese modo una caricia, un beso y, sin más alargue, el encuentro sexual.

En ese juego, Call Me by Your Name es ingeniosa. Sus personajes no se guardan nada: confusión, dolor, resignación y miedo, como la mayoría de películas de temática homosexual. Al igual que la tan recordada Secreto en la montaña o Maurice, filmada en 1987 también con base a la novela homónima.

Ese nudo es apenas entendible porque, a pesar de que Elio y Oliver nunca se niegan el amor, su relación está salpicada por el tabú. El asunto es que el cine, según el historiador cinematográfico Richard Dyer, constituye lo que la gente piensa de sí misma y, en esa medida, la homosexualidad y su dilema moral seguirán siendo una piedra en el zapato.

Por eso, cada vez que se estrena una cinta con esta temática, la población homosexual se extiende en quejas. Una de las más estruendosas, de la que Call Me by Your Name no pudo salvarse es si el cine es realmente gay o es tan sólo una interpretación gay fabricada por un director hétero. En el caso de Guadagnino, algunos críticos reprocharon la decisión del italiano de no contratar actores homosexuales. Si bien la película es su retrato, este cineasta tiene varios detalles a favor. Porque, según él, “la cinta es sólo la historia de dos personas y no se adhiere a una identidad sexual. Todos hemos vivido o fantaseado con pasar un verano ideal, un período libre y feliz, durante el cual descubrimos el amor y el deseo”, defendió el director en el diario El Mundo de España.

Sus ejemplos son claros. El juego precoz, la escena del durazno, el peso de la intimidad y los diálogos. El guion es tan pertinente que las palabras finales del padre no pueden ser un mejor desenlace para la obra. “Los corazones de nuestros cuerpos nos fueron dados sólo una vez. Antes de que te des cuenta, tu corazón se habrá gastado. Y en cuanto a tu cuerpo... llega un punto en donde nadie lo voltea a ver y mucho menos se acercan a él”.

Sus palabras, como toda esta historia, son un intento de que nada quebrante el deseo de amar. La valentía del amante que sabe cuánto va a sufrir. La promesa de decirles adiós a las historias que fueron. Una lista de corazonadas que deja Call Me by Your Name mientras sobre la pantalla grande se deslizan sus créditos.

Camila Taborda - El Espectador

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