La actriz trans chilena que fue criada como un niño y va por el óscar
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La actriz trans chilena que fue criada como un niño y va por el óscar

Publicado: 2018-03-03 - (material solo para adultos)

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Daniela Vega sorprende con su papel en ‘Una mujer fantástica’, nominada a mejor película extranjera.

Levanta la mirada apenas la maquilladora pide suspender la conversación por un momento. Decidida, pide que los labios luzcan marcados, con una tonalidad mate.

 

Cuando su maquillaje está listo, se acerca con cautela la jefa de prensa del Incaa (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina) y le pregunta, celular en una mano, qué se siente ser una mujer fantástica. La chilena Daniela Vega (de 28 años), invitada estrella del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, organizado por el Incaa, mira a la cámara de reojo y responde abruptamente: “Yo no soy fantástica, soy rebelde y resiliente”. No exhibe descortesía, pero se le nota el cansancio de unos meses llenos de viajes en los que presentó ‘Una mujer fantástica’, segundo filme de Sebastián Lelio, en el que interpreta a Marina, una camarera y cantante que queda a la deriva tras la muerte de su novio. La cinta, que es candidata a los premios Óscar como mejor largometraje en lengua extranjera, también posicionó a Daniela, no solo como la primera transexual que entregará uno de los premios de la Academia, sino como una artista con mucha proyección.

Con fuerte presencia internacional, en portadas de revistas (como la producción de la ‘W Magazine’ con Robert Pattinson) y la actuación en un corto para NY Times Magazine dirigido por la italiana Floria Sigismondi, o la campaña ‘I will not be silent’, que famosos (Nicole Kidman, Jennifer Lawrence, Emma Stone, Jake Gyllenhaal) grabaron en contra de abusos sexuales, Daniela deslumbra, pero no deja de vivir el día a día. Nacida en San Miguel, una de las comunas de la capital chilena, antes de ser actriz fue maquilladora. 

¿Desde cuándo se considera rebelde?

La rebeldía se manifestó en relación a que fui criada como un niño y nunca me lo compré, y dije no. Voy a ser una niña si yo quiero y voy a ser cantante si yo quiero, y voy a ser actriz si yo quiero. Ser rebelde significa primero ser digno. La rebeldía no es otra cosa que dignidad.

¿Cómo reaccionó su familia?

Comparto poco de mi vida privada, pero le puedo decir que una persona apoyada por su familia más cercana puede encontrar las herramientas que la academia no te da. Mi familia fue un gran sostén.

En una entrevista contaba que en las proyecciones de la película se le acercaba mucha gente para contarle historias muy duras. ¿Qué le generó eso?

Escuchar me generó angustia. A veces no puedo creer lo que somos o no somos capaces de hacer.

¿Tuvo a alguien que la escuchó cuando tomó su decisión?

Hice mi transición hace trece años. No había nadie. A los catorce, cuando comuniqué lo que iba a hacer, no había nada. Es un momento que no sabes nada. Uno no se da cuenta de un día para el otro, es una cosa que se hace o te mueres. Es vital. No es cosmético, no es de maquillarse los ojos, de ponerse vestido. No. Esto es de cómo uno entiende la vida. Y si te dan o no esa posibilidad, también. Puedo contar que en mi casa no hay censura de ningún tipo y significa que lo que uno piense puede manifestarlo.

¿Cómo fueron sus comienzos artísticos?

No fui a la universidad, me dediqué al maquillaje siete años y por cosas de la vida, a través de pinceles y de gente en común que me empezó a invitar al teatro, comencé a interesarme por estar al frente del escenario. Descubrí a Almodóvar muy pequeña, a Bibiana Fernández y Antonia San Juan, y me interesó cada vez más. Cuando era niña cantaba frente al escenario, pero me sentía una voz más. Con la transición, entendí que lo importante es la voluntad de fondo. Decir “quiero esto”, y si no tengo las herramientas, las voy a construir para poder acceder. ¿Por qué no voy poder? Con la transición aprendí cómo pasar de una situación a otra sintiendo el menor temor posible.

¿Para usted el arte es una resistencia?

La vida es una resistencia de todo, la vida es tiempo que se nos acaba. El arte me sirvió para todo, para tratar de entenderme a mí misma. Al principio no me concebía como hacedora de arte, sino como consumidora, y sentía que la gente del mundo del arte me ignoraba. Empecé a buscar un lugar de comunicación. En lírica hay un solo teatro (el Municipal, de Santiago). Pertenezco a una compañía y cuando me invitan hacemos teatro y ópera. Por eso le decía que si no están las herramientas, se construyen. El arte es una gran pregunta siempre, que uno recibe y las intenta traducir a su propia realidad.

¿Cómo se vinculó con Sebastián Lelio?

En el 2011 actué en la película ‘La visita’, de Mauricio López Fernández. Sebastián es muy profesional y me contactó mientras investigaba sobre la realidad trans para tratar de ser lo más verídico en su relato. Cuando nos conocimos, el proyecto estaba muy en ciernes y él le fue dando forma y yo fui testigo de todo eso. Fue muy distinto a la creación de cine que había hecho antes. Ahí los guiones ya estaban escritos. Acá me pude involucrar desde el inicio. Aunque el dueño de la idea es él, me involucré en las texturas del relato.

¿Qué significa ser una mujer fantástica? ¿Cuáles son sus referentes?

En su justa medida y en su preciso momento, todas las mujeres pueden ser fantásticas. Tiene que ver con un sinfín de cosas, con el momento en que vives, con el lugar en la historia que te tocó ocupar. Pienso en artistas que hicieron grandes cosas, como Jeanne Moreau, María Callas, Rocío Jurado y tantas otras. ¿Cuántas mujeres hay en el mundo, en la historia, que han sido borradas? Todas han sido fantásticas.

¿Proyecta ser una mujer fantástica?

Mi mayor desafío es seguir viva.

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