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Opinión

Política p6uacute;blica LGBT: a no perder lo que se ha ganado

Publicado: 2018-06-20 - (material solo para adultos)

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Dentro de los triunfos de su implementación se encuentra la conquista de espacios como la Semana de la Diversidad y su inclusión en la configuración institucional.

Pese a esto, defensores piden no bajar la guardia en la educación y en los esquemas de atención en salud.

Simón Uribe decidió comenzar su tránsito a hombre transgénero cuando vio a más personas como él en la calle y en los medios, y sin prejuicios vio con mayor frecuencia a los gais y a las lesbianas tomándose de las manos y besándose en la calle. “Eso me está diciendo a mí:  Colombia está cambiando y yo puedo existir en este territorio. Antes sentía que no había un espacio donde sentirme seguro”.

En parte, esa confianza se debe a que Bogotá es una ciudad que ha ido evolucionando, tras reglamentar desde hace 10 años una política pública que busca disminuir la discriminación y ampliar los canales de inclusión de la comunidad LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales).

Esto ha permitido estructurar programas que han representado avances en la prestación del servicio de salud, la vida laboral y en aspectos sociales y culturales, que forman parte del camino a la consolidación. Sin embargo, es evidente que se deben seguir fortaleciendo, pues a pesar de haber logrado avances importantes, para los defensores, estas iniciativas no sólo deben permear el estamento público, sino también al privado.

En el caso de Bogotá, esta tarea comenzó hace 10 años, durante el gobierno del alcalde Luis Eduardo Garzón, quien firmó un decreto que impulsaba la creación de programas a favor de la comunidad LGBT y que terminó en la expedición del Acuerdo 371 de 2009, por el Concejo Distrital. Allí se estableció el apoyo institucional, la defensa de sus derechos, la búsqueda de un cambio cultural y la producción y aplicación de conocimientos y saberes sobre esta población en la ciudad.

Por consiguiente, en la última década no han sido pocos los logros. Se creó la Dirección de Diversidad Sexual en la capital; se abrieron los centros comunitarios LGBT en Teusaquillo y Los Mártires, para brindar atención psicosocial y orientación jurídica; la Casa Refugio, para las víctimas de la violencia; la Unidad contra la Discriminación, y la ruta de atención a las víctimas de hostigamiento escolar, por temas de orientación sexual e identidad de género.

Los mandatarios capitalinos están obligados, bajo la política pública, a formular y ejecutar un plan de acción a favor de esta comunidad. Actualmente planearon 235 metas, que involucran a 14 entidades distritales, entre las que se destacan las secretarías de Integración Social, Gobierno, Planeación y Mujer.

Aunque ya se tiene una ruta de atención, queda mucho por trabajar. De acuerdo con Germán Rincón Perfetti, abogado activista contra la discriminación de género, uno de los principales retos es hacerle frente a la xenofobia. “Si se transforman los imaginarios sociales y culturales, se hace cada vez menos necesaria la reglamentación, porque se da la aceptación”, asegura.

Los cambios han avanzado más en unos sectores que en otros, debido a diferentes factores. De acuerdo con Miguel Ángel Barriga, director de la Red Somos, esto se da por el mismo desinterés del gobierno de turno por promover los derechos de la comunidad y por el alcance de los grupos opositores que, bajo la satanización de la denominada ideología de género, han impulsado varias controversias, como el caso de las cartillas de inclusión que se iban a repartir en los colegios públicos o los puntos del Acuerdo de Paz con las Farc, en los que hablaban de la población LGBT. “Esto ha afectado la posibilidad de avanzar en estos temas, para evitar choques con estos grupos”.

De igual forma, se evidencia un estancamiento en la prestación digna de los servicios médicos, pues este derecho sigue a uno de los sectores en los que más se vulneran sus derechos. La principal razón, muchas veces, no porque nieguen el servicio, sino porque se hace de una forma despectiva y hasta victimizante.

De acuerdo con Juan Carlos Prieto, jefe de la Dirección Distrital de Diversidad Sexual, adscrita a la Secretaría de Planeación, “se asume que todos somos heterosexuales y cuando se nos pregunta sobre nuestra orientación sexual o identidad de género muchas veces es cuestionada, y eso hace que personas LGBT decidan no acudir al médico”.

Un ejemplo de esto ocurrió en 2015, cuando se anunció con bombos y platillos la inauguración en Bogotá de la primera unidad médica especializada para la comunidad transgénero. El proyecto sin precedentes involucraba a un grupo de psicólogos, ginecólogos, urólogos, cirujanos plásticos, entre otros, que acompañarían todo el proceso de transformación de las personas atendidas, pero éste quedó en el aire, pues nunca se obtuvieron los recursos para abrirlo, ni hubo interés político para continuar con el programa.

Como respuesta, el Distrito ha dicho que su plan de acción cumple con otros propósitos como estrategias de promoción y prevención de enfermedades de transmisión sexual, guías de orientación para lesbianas y transgénero, y planes de promoción de acceso en salud para esta misma población.

En el tema educativo, las condiciones no son mejores. A pesar de que el Distrito cuenta con cuatro acciones para implementar ciclos flexibles para la población LGBT un protocolo para los casos de vulneración de derechos y un componente para formar en competencias laborales, que para los activistas de esta población no es suficiente.

De acuerdo con Emily Quevedo, experta en temas educativos LGBT, además de la formación se debe trabajar en temas sociales y culturales, para que se dé una verdadera aceptación en los colegios. “La orientación de género ha dejado de ser un ejercicio de respeto, por lo que se pueden vulnerar más los derechos de los niños con una orientación sexual diversa”.

En ese mismo sentido, Barriga considera que “la escuela debe garantizar el acceso a la educación, pero también la transformación de las prácticas pedagógicas, curriculares y convivenciales que permitan que las personas LGBT no sólo tengan acceso al derecho a la educación, sino que también puedan disfrutarlo y estar tranquilamente en la institución sin ser matoneado ni tener miedo al rechazo. Eso implica cambios en los manuales de convivencia”.

A estas recomendaciones, Prieto señala que en la administración ya se está formulando una política pública sobre el tema. “No es que se quiera enseñar a los niños a ser homosexuales, sino de que se reconozcan todas las diversidades”.

Si bien el Distrito no desconoce que hay algunas dificultades, resalta que lo hecho hasta el momento ha servido para que la propia comunidad se esté empoderando y por eso hoy se conocen más denuncias. “Venimos haciendo acompañamiento a los casos de esas personas”, agregó Prieto.

Uno de los casos más representativos de empoderamiento es el de la mayor Sandra Mora. En 2000, tras hacerse pública su orientación sexual, fue retirada de su cargo en la Policía, pero lejos de dejar el tema en el olvido y buscar un nuevo empleo, emprendió una lucha que duró 10 años para que la reintegraran a su cargo. Regresó a la institución en 2011 y cuatro años después la ascendieron a teniente coronel.

“El caso rompió varias estructuras dentro de la Policía. Los avances no han sido fáciles, pero precisamente es a través de ese proceso de sensibilización que se eliminan estereotipos, tabúes y prejuicios, y puntualmente cuando se reconoce que no solamente soy una lesbiana, sino también que tengo mucho para aportar. Así tenemos un reconocimiento, un respeto y una posición para seguir ayudando, formado y fortaleciendo interna y externamente en la institución”, señala la oficial Mora.

En un plano general, la política pública de Bogotá marcó un hito en el país. Fue la primera en estructurarse y sirvió como modelo de otras que se han ido implementando como la de Medellín y la de Cali. Además, ha abierto las puertas a nuevos espacios de inclusión como el Ciclo de Cine Rosa o el Festival de la Igualdad Sexual, que se realiza en la ciudad desde hace siete años.

Asimismo, ha puesto los temas de la comunidad LGBT en la agenda pública, “lo que implicó un compromiso de los gobiernos distritales, configuraciones institucionales que responden por nuestros derechos y la participación de la comunidad dentro de su diseño e implementación, que nos ha permitido definir nuestros propios modelos”, afirma Barriga.

Por su parte, Rincón Perfetti considera que se debe reforzar lo que se ha logrado, buscando no perder el terreno ganado. Señala que el próximo paso será el trabajo en el cambio de imaginarios, que sólo tendrá resultados palpables cuando exista plena aceptación y respeto por la diversidad sexual, lo que al fin de cuentas corresponde a su inclusión completa en el esquema social.

Por: Luis Orlando León Carpio - Mónica Rivera Rueda

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