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formas de llamar a un homosexual
por Fernando Flores de SentidoGay.com
“Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos gotas de sucia muerte
con amargo veneno. Contra vosotros siempre, Faeries de Norteamérica, Pájaros
de La Habana, Jotos de Méjico. Sarasas de Cádiz, Apios de Sevilla, Cancos
de Madrid, Floras de Alicante, Adelaidas de Portugal. ¡Maricas de todo
el mundo, asesinos de palomas!” —Federico García Lorca—
Desde el bíblico sodomita, el mítico uranio y los históricos 41 y jota,
pasando por la mariposa y el mayate, y los comunes maricón y puto, hasta
los muerdealmohada y cachagranizo: los homosexuales han sido llamados
de distintas maneras según el lugar y el tiempo.
Desde que en 1869 Karl Maria Kertbeny acuñó el termino “homosexual” han
surgido infinidad de términos para nombrar a los hombres que tienes relaciones
eróticas con otros hombres; dichos términos pueden ser relacionados con
animales, eventos históricos, plantas, personajes y que a través del tiempo
han ido evolucionado.
La palabra “gay”, jovial, alegre, es quizá el término universal más reconocido
con el que se conoce a los homosexuales; dicha palabra se empieza a utilizar
en la década de los treinta en las cárceles de los Estados Unidos para
nombrarlos despectivamente. La jerga de las cárceles muchas veces acuña
y dicta la manera de llamar a los homosexuales en países como México y
España. “Gay” proviene a su vez del vocablo catalán-provenzal “gai” y
que durante mucho tiempo fue empleado para nombrar a los prostitutos.
En los últimos años otro término se ha popularizado para nombrar a los
homosexuales y su estilo de vida “queer”, torcido o raro, que al principio,
como la mayoría, era un término despectivo y que los propios homosexuales,
dando una vuelta de tuerca, adoptaron como propio.
Antes de que Kertbeny acuñara el termino un homosexual era conocido como
“sodomita” al referirse a la antigua ciudad de Sodoma y sus implicaciones
y a los que tenían coito anal. Así como “uraniano” ocupado por Platón
en El Banquete pues era la musa Urania la que provocaba el amor a lo masculino,
entre hombres, el amor a los mancebos. Un término ya en desuso es “nefandario”
que es aquel que comete un pecado repugnante hablando en un contexto moral
y religioso.
En los Estados Unidos existen palabras como “homo”, “pervert”, “affeminate”,
“faggot” y “fag” que son las formas más insultantes de señalar a un homosexual;
“faggot” es la rama o palo con que se enciende una chimenea. Y siguiendo
con la relación del fuego y los homosexuales están “flamer” que viene
siendo como un hombre en llamas o llameante, “flaming fairy” que es un
hada o un pequeño ser mágico en llamas, y puede haber una tautología con
el término “mariposa” que más adelante aparecerá.
“Silly savage” tonto salvaje, “limp wrist” mano caída, “fruttie” afrutado,
“butt fuckers” coge culos, y “sweeties” para nombrarlos cariñosamente.
En América latina las palabras son tan variadas que sería arduo catalogarlas
por países, regiones y épocas. En Argentina “trolo”es la palabra más común,
viene de trolebús y de tomarse del tubo para no caer. “Café con leche”
es la manera decente de nombrar a los hombres que gustan de otros hombres,
mitad café y mitad leche; o “se le cae la polvera”, “vuelta y vuelta”
son otras frases más coloquiales. En Ecuador “papaya”, “camarón”, “sopa”
son las más frecuentes, así como “picañoña”, entender ñoña como mierda.
En Costa Rica “playo”, en Brasil “viado”, y “cayuco” en Cuba; en Guatemala
palabras como “mamplor”, “morro” y “hueco” se utilizan para designarlos,
y recientemente “barbarizada” y “gayshas”.
En México ocurre lo mismo, según la región y la época se puede llamar
de muy distintas maneras a los homosexuales, por ejemplo “mampo” en el
sureste del país, “cuxpé” en Yucatán, “señorito” en el norte, “muxhe”
en Veracruz; “shoto”, “choto”, que en las danzas de algunas festividades
rurales es la representación del diablo que porta una antorcha llameante,
pero también se les conoce así a los cabritos lactantes, los que maman.
A este término se le asocia también con “mayate” que se ha generalizado
ya como hombre homosexual, pero que en algunos pueblos se le conoce así
al hombre que tiene relaciones sexuales con los “chotos” pero también
con mujeres y que generalmente no se reconocen a sí mismos como homosexuales.
El término “mayate” tiene otra acepción que es la del insecto, escarabajo,
que tiene contacto con el excremento.
Es tan común llamar burlonamente a un homosexual “María” que se han derivado
algunos términos de dicha palabra, uno de los más comunes es su diminutivo
“marica”, “maricón”, “mariquita”. Palabras como “marimba”, “mana”, “marisco”,
“mandril” se utilizan en el mismo sentido y derivan de la misma palabra;
y muy recientemente “manigüis”.
Regresando a la jerga carcelaria “mariposa” y “mariposón” eran utilizados
en España en el siglo XVI para nombrar a los “sodomitas” que cumplían
sentencia en alguna prisión. Esta metáfora de las “mariposas” y los homosexuales
se da en relación con el fuego, de nuevo, al referirse a la mariposa que
vuela alrededor de la llama atraída por su luz hasta que termina quemada.
En México “jota” y “joto” se derivan de la crujía donde eran metidos los
homosexuales en la cárcel de Lecumberri. La jota era una crujía sin celdas
y sin puertas en donde las “jotas” convivían. Pero también está el histórico
“cuarenta y uno” que fue el número de homosexuales detenidos en aquella
redada en la época Porfiriana y que terminaron en Yucatán encarcelados
y condenados a trabajos forzados.
El término más común y despectivo, sin dudas, en nuestro país es “puto”,
que no solo se utiliza para nombrar a los homosexuales sino también a
los cobardes. No es raro escuchar entre heterosexuales la frase ¡no seas
puto! refiriéndose a no ser cobarde. La palabra deriva de “puta” y su
acepción con la prostitución, así “puto” en primera instancia se convierte
en un hombre que se dedica a dicho oficio. De “puto” han provenido tales
como “puñal, “pulga”, “putazo”, “Plutón”, “plutoniano”, “pulmón”, “putón”,
“putiflais”.
Pero existen otras palabras como “culero”, “hueco”, “raro”, “loca”, “lilo”,
“mujer sicológica”, “cornetero”, “sobrinero” porque no tendrá hijos; están
los lugares comunes como “de ambiente”, “del otro lado, Laredo o bando”;
o los que hacen referencia a lo chueco de la situación como “desviado”,
“invertido”, “amanerado” y “torcido”; los que hacen alusión a las manos
y sus inclinaciones como “mano quebrada”, “cacha granizo”, “quiebra la
muñeca”, “mano caída”, “mesero sin charola”; y existen otros totalmente
en desuso como “bardaje” homosexual pasivo, “cacorro” afeminado, “garzón”
mancebo, “sarsa”, “ninfo” hombre que cuida demasiado de su apariencia,
“güilo”, “pastilla”, “larailo”, “liandro”, “floripón” adorno de mal gusto,
y el tan popular por mucho tiempo “pederasta”.
“Macha”, “muchacha”, “fakir”, por tragar fierro, “comadre”, “gasha”, “Clara”,
“perra”, “pobrecita”, “ella”, “chicuela” son palabras que utilizan, actualmente,
los propios homosexuales para llamarse entre ellos; sin dejar de lado
los consabidos y demasiado gráficos como, “soplanucas”, “chupapitos”,
“muerdealmohadas”, “te gusta el arroz con popote”, “te gusta la coca cola
hervida”, “te gusta meter reversa”, “se te hace agua la canoa”, “para
orinar te agachas”, “adorador de la yuca”, “de la cáscara amarga” y “salta
pa´trás”. Y por último lo más rudos visualmente como “te almidonen las
tripas”, “te correteen la solitaria”, “te midan el aceite”, “te revienten
las ligas” y “te apachurren los frijoles”.
Lo interesante de este listado es que continua y que cada día se enriquece
de nuevas formas para llamar a los homosexuales cariñosa, despectiva,
alburera o crípticamente; quizá ningún otro término como hombre, mujer,
lesbiana, bisexual, trasgénero, y demás, tiene tantas derivaciones, acepciones,
significados y maneras como las hay para nombrar a los hombres que aman
a otros hombres.
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