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Auschwitz sesenta años después: homosexuales en tiempos del nazismo
Autor:
http://www.sentidog.com

Al principio de Los hundidos y los salvados, Primo Levi cuenta la advertencia sádica que los comandantes de las SS transmitían a los habitantes del campo de exterminio de Auschwitz: "De cualquier manera que termine esta guerra, la guerra contra ustedes la hemos ganado; ninguno de ustedes sobrevivirá para dar testimonio de ella, pero incluso si alguno lograra escapar el mundo no le creería.

 

Tal vez haya sospechas, discusiones, investigaciones de los historiadores, pero no podrá haber ninguna certidumbre, porque con ustedes serán destruidas las pruebas. Aunque alguna prueba llegase a permanecer, y aunque alguno de ustedes llegase a sobrevivir, la gente dirá que los hechos que cuentan son demasiado monstruosos para ser creídos: dirá que son exageraciones de la propaganda aliada, y nos creerá a nosotros que lo negaremos todo, y no a ustedes. Nosotros seremos los que escriban la historia de Auschwitz".

 

Cuando, el 27 de enero de 1945, hace sesenta años, los ejércitos soviéticos entraron en el campo de Auschwitz, ningún oficial del ejército rojo podía dar crédito a sus ojos. Las cámaras de gas, los hornos crematorios y los montones de cadáveres eran sólo el comienzo del archipiélago nazi de la muerte.

 

Hacia 1928, había en Alemania alrededor de un millón doscientos mil hombres homosexuales. Entre 1933 y 1945, cien mil de ellos fueron arrestados y unos 50 mil oficialmente inscriptos en los archivos como criminales. Una vez sentenciados, muchos acabaron en prisiones ortodoxas. Pero aproximadamente 10 mil fueron enviados a distintos campos de concentración. Cuántos murieron allí es algo no establecido. Las pesquisas han sido muy limitadas hasta hoy. Algunos investigadores, sin embargo, estiman que 6 mil. 

 

La historia de los prisioneros homosexuales durante el régimen nazi fue silenciada durante casi cinco décadas, aun cuando la guerra hubiese ya terminado, porque la homosexualidad continuó siendo ilegal en la ex Alemania Occidental hasta fines de los años sesenta. Muchos de los sobrevivientes, en consecuencia, tenían miedo o estaban avergonzados de contar sus experiencias. Otros intentaron sumarse a las organizaciones de víctimas del holocausto pero se sintieron marginados. "El testimonio de los homosexuales era socialmente inaudible, imposible y peligroso", cree el francés Michel Celse, especialista en el tema, autor del ensayo colectivo Consciences de la Shoah.

 

Fue a partir de 1986, luego de que Richard Plant publicase su libro The Pink Triangle (El triángulo rosa), cuando empezó a reconsiderarse el caso. Pero los homosexuales no fueron oficialmente reconocidos como víctimas del nazismo hasta hace unos años. En noviembre de 2000, el gobierno alemán pidió disculpas por las deportaciones y torturas sufridas por los gays y las lesbianas en la era del nazismo. Y en abril de 2001, el estado francés (a través de Lionel Jospin) reconoció por vez primera las persecuciones que sufrieron los homosexuales durante la Segunda Guerra Mundial.  "Un hecho histórico", lo llamó Jean le Bitoux, presidente del Mémorial pour la Déportation Homosexuelle.

 

En 2001, The Pink Triangle Coalition (un grupo que reúne a ocho organizaciones de Europa, Israel y los Estados Unidos) recibió 500 mil dólares para difundir su causa. Realizaron un CD Rom, empezaron a preparar un sitio en Internet y están apoyando la difusión mundial del documental cinematográfico Paragraph 175, dirigido por Rob Epstein y Jeffrey Friedman. Meses antes, a fines del año 2000, la coalición había recibido una donación de 70 mil dólares que repartió entre los últimos sobrevivientes de aquella generación. En los últimos tiempos, sin embargo, el Partido Verde alemán ha liderado una campaña para que los homosexuales sean oficialmente reconocidos como víctimas del nazismo.

 

Párrafo 175

 

Cuando Rob Epstein y Jeffrey Friedman estrenaron su film Paragraph 175 no imaginaron que el documental iba a tener tantos efectos políticos. Ambos ya habían dirigido en dupla otras tres películas de militancia gay (entre ellas The Celluloid Closet, acerca de la homosexualidad en Hollywood, dentro y fuera de la pantalla, y Common Threads: Stories From the Quilt que les valió un Oscar en el rubro documental) y a Klaus Muller, el encargado de temas homosexuales del Holocaust Memorial Museum de los Estados Unidos, no le costó mucho convencerlos de que había que entrevistar, antes de que fuera muy tarde, a los últimos testigos directos del llamado holocausto gay.

 

El film abre con el propio Muller: "Crecí en Alemania y nunca oí hablar de la persecución a los homosexuales. Me costó un tiempo darme cuenta de que algunos de ellos podían estar vivos. Muchos de ustedes acaso piensen que es un poco tarde para darles la palabra. Yo creo que su historia es valiosa. Y que es bueno escucharla porque durante toda su vida les dijeron que no la contaran".

 

La película se titula Paragraph 175 debido a un viejo artículo del código penal alemán, sancionado en 1871 y válido hasta 1969: "Un acto sexual antinatural cometido entre personas de sexo masculino o entre seres humanos y animales debe ser castigado con la prisión; también puede significar la pérdida de los derechos civiles". La ley había caído en el olvido hasta que los nazis la rescataron. En los años veinte reinaba un clima de absoluta libertad en ciudades como Hamburgo, Munich o Bremen, y más aún en Berlín, donde había incluso clubes nocturnos de corte gay. En 1919, el doctor Magnus Hirschfeld (1868-1935) había fundado el Instituto para la Ciencia Sexual. Uno de sus propósitos centrales era la abolición del párrafo 175. Para Hirschfeld la homosexualidad no era sinónimo de enfermedad, mucho menos de delito.

 

El doctor Hirschfeld

 

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado canciller. En un mes se cerraron todos los bares gays de Berlín, entre ellos el mítico "Eldorado". El 6 de mayo los nazis destrozaron el instituto del doctor Hirschfeld. Todos sus libros fueron tildados de "anti-alemanes" y quemados en una gran fogata. El doctor, judío y homosexual, se hallaba de viaje en el extranjero. Nunca regresó a Alemania.

 

En 1934, una división especial de la Gestapo (policía secreta del estado) fue fundada para combatir la homosexualidad. Uno de sus primeros actos consistió en establecer listas rosas con la ayuda de los servicios secretos de la policía. En septiembre de 1935 se promulgó una segunda versión, aún más rigurosa, del famoso Párrafo 175. Y un año después Heinrich Himmler creó un cuartel central para combatir la homosexualidad y el aborto: el II S, una sub-división del Departamento II de la Gestapo. Para los oficiales nazis, los homosexuales eran "anti-alemanes" y "socialmente aberrantes" porque privaban al país de hijos. 

 

A pesar de esta cruzada anti-gay, Ernst Röhm, fundador de la SA y amigo íntimo de Hitler, era un reconocido homosexual. En un reciente y muy publicitado libro titulado El secreto de Hitler: la doble vida de un dictador, el profesor de historia Lothar Machtan dice que Hitler tuvo desde adolescente relaciones muy íntimas con homosexuales. Entre ellos se destaca un tal August Kubizek. Ambos compartieron durante cuatro meses un pequeño departamento en un área de Viena reputada como "zona homosexual"; ambos usaban las mismas ropas. "La gente nos toma por hermanos. Eso es lo que nos gustaría ser", escribió Kubizek en una carta descubierta por el profesor Machtan. El libro hace, por supuesto, mención al caso Rohm, cuya homosexualidad era invocada ya en los años treinta por los partidos opositores, como una manera de mostrar las contradicciones del nazismo.

 

Hitler defendió a Röhm diciendo que "la SS no es una institución moral" y que "la vida privada no importa mientras no traicione la base del nacional-socialismo". Fue todo una excepción y duró poco. El 28 de junio de 1934 ordenó la ejecución de Röhm y de otros supuestos traidores. El episodio se recuerda como "la noche de los cuchillos largos". A una semana del hecho, Hitler invocó la homosexualidad de R¨ohm y prometió "limpiar de homosexuales" el partido.

 

Las persecuciones alcanzaron su pico entre los años 1937 y 1939. Una campaña de propaganda iniciada en 1936 puso especial énfasis en la supuesta homosexualidad de los sacerdotes con el objetivo de desacreditar y recortar el poder de la Iglesia católica de Alemania, una institución que muchos oficiales nazis temían como el mayor enemigo potencial. En 1938, el lider Hermann Göring acusó de homosexual al comandante Von Fritsch, un oponente a la política militar de Hitler.

 

La gran mayoría de los homosexuales arrestados por infringir el Párrafo 175 eran alemanes o austriacos. En los campos de concentración, los prisioneros eran obligados a usar uniformes con diferentes marcas identificatorias, según la categoría a la que pertenecieran: judíos, gitanos, presos políticos, etc. Los homosexuales llevaron al principio varias marcas, desde un punto negro hasta un número 175 dibujado en la espalda del saco. Finalmente todos fueron identificados con un triángulo rosa.

 

Testimonios de sobrevivientes dicen que los hombres con triángulos rosas eran especialmente maltratados por los guardias. También fueron objeto de crueles experimentos médicos. Un doctor llamado Carl Vaernet realizó, en el campo de concentración de Buchenwald, numerosas operaciones cuyo propósito era el de volver heterosexuales a los pacientes. Su experimento incluía la inserción de una cápsula que segregaba hormones masculinas.  El procedimiento refleja los deseos de Himmler y otros oficiales por encontrar soluciones médicas para la homosexualidad. 

 

Los testigos        

 

De los siete testigos vivos que había al momento del rodaje de Paragraph 175, cinco aceptaron hablar ante una cámara: Gad Beck, Heinz Dörmer, Albrecht Becker , Heinz F. (él mismo pidió que su apellido fuese oculto) y el francés Pierre Seel. A ellos se agrega la poeta Annette Eick, que no llegó a estar presa -escapó a tiempo rumbo a Inglaterra- pero perdió a toda su familia en Auschwitz. En el film, Eick representa a "los cinco casos de lesbianas muertas en campos de concentración", según informan los realizadores. Si la campaña contra las lesbianas fue menos encarnizada, esto se debe que los oficiales nazis entendían el lesbianismo como "temporario y curable".

 

Las experiencias de cada uno de los participantes en la película son muy diferentes. Gad Beck, por ejemplo, intentó salvar a su joven amante, Manfred, de ser trasladado por la Gestapo a un campo de concentración. Se hizo pasar por hitleriano y alcanzó a liberar a Manfred con una excusa ingeniosa, pero mientras se alejaban del lugar de detención éste le dijo a Beck que no iba a abandonar a su familia. Le agradeció el gesto y regresó. 

 

En 1935, un íntimo amigo de Heinz F. fue arrestado y, bajo presión de la Gestapo, confesó los nombres de otros homosexuales. Entre ellos se encontraba Heinz. Fue arrestado por la policia local y enviado, sin juicio alguno, directamente al campo de concentración de Dachau. Allí empezaron nueve años de penurias, entre diferentes cárceles y campos. 

 

Albrecht Becker, fotógrafo vinculado a la industria del cine, fue convocado a declarar en 1935 por haber violado el párrafo 175. "Todo el mundo sabe que soy homosexual", declaró. Fue sentenciado a tres años de prisión en N¨uremberg. Cuando volvió a su pueblo local advirtió que no había más hombres: estaban todos en el frente o tras las rejas. Decidió entonces incorporarse al ejército alemán. Lo animaba una sola razón: "allí era dónde estaban los hombres".        

 

Nacido en Berlín en 1912, Heinz Dörmer fue jefe de varios grupos scouts, vinculados por lo general a la iglesia. Cuando los nazis empezaron a atosigar a todos los movimientos juveniles independientes para que se uniesen a las juventudes pro-hitlerianas, Heinz intentó negarse. En octubre de 1933 claudicó. "Eran más fuertes que nosotros". En abril de 1935, acusado de haber mantenido relaciones sexuales con otros miembros de su organización, Dormer fue enviado a un campo de concentración. En 1982 exigió una reparación al gobierno alemán. Su pedido fue rechazado. 

 

Pierre Seel fue uno de los primeros sobrevivientes en romper en silencio. A mediados de los ochenta publicó en Francia su libro Moi, Pierre Seel, déporté homosexuel (Calmann-Lévy). Allí cuenta cómo los alemanes anexaron la región de Alsacia en 1940, cómo él fue arrestado luego de haber denunciado un robo en un club homosexual y cómo fue brutalmente sometido a malos tratos en los campos de Schirmeck y de Struthof. En el primero fue obligado a trabajar en la construcción de un crematorio. En el segundo fue violado y su cuerpo fue utilizado como blanco humano mientras los nazis le arrojaban jeringas en vez de dardos. "Tengo verguenza por la humanidad", dice Seel en el film.

 

El debate no ha finalizado. Para Michèle Deconnick, antigua deportada y presidente de una asociación de resistentes deportados, "a diferencia del caso alemán, no hubo en Francia víctimas en calidad de homosexuales". Lo mismo opinan otras asociaciones. La presidente de los Flamands Roses, Isabeth Flamencourt, acepta en parte el argumento. "Es verdad, los homosexuales fueron deportados oficialmente por el régimen de Vichy en calidad de prisioneros comunes o por razones políticas". Pero añade que, en el fondo, "muchos fueron deportados y otros fueron especialmente maltratados  porque eran homosexuales, porque sus nombres figuraban en 'listas rosas' confeccionadas por la policía o porque otros homosexuales, luego de haber sido torturados, confesaron sus nombres".

 

Como escribe Primo Levi: "Los monstruos existen pero son muy pocos como para constituir realmente un peligro; los que son realmente un peligro son los hombres comunes y corrientes".

 

Testimonio de Pierre Seel acerca del campo de concentración de Schirmeck.

 

Pierre Seel era apenas un muchacho cuando los nazis ocuparon Francia y le ordenaron reportarse inmediatamente en la comisaría de su pueblito, Mulhouse. Tristemente para él, la policía lo había consignado en su lista de ciudadanos homosexuales. Camino a su ignoto destino, Seel oró por la vida de su «amado Jo» y la de su familia. Él aún no lo sabía, pero en la comisaría lo esperaban inenarrables torturas y, después de ello, cuatro años de infierno y una camisa de presidio cosida con un triángulo de color rosa.

 

«En los campos, los homosexuales eran sometidos a las mismas privaciones, brutalidades, trabajos forzados, experimentos médicos... pero además llevaban un triángulo rosa por lo que eran sometidos a vejaciones aun más graves. Algunos fueron dejados a los perros de las S.S. para que los devorasen antes que a los otros deportados. En cuanto a mí, después de décadas de silencio, me he preparado mentalmente para hablar, para acusar, antes que para mantenerme indiferente»

 

«Los homosexuales eran agrupados en comandos de liquidación y colocados bajo un triple campo de disciplina. Esto significaba menos comida, más trabajo y supervisión estricta. Si un prisionero con un triángulo rosado se ponía enfermo, esto acrecentaba su perdición. La admisión a la clínica estaba prohibida».

 

Como en cualquier prisión contemporánea, la presencia de los triángulos rosados en la población cautiva provocaba la misma reacción: los gays eran brutalmente asaltados y abusados sexualmente. Un escalofriante atisbo de todo ello fue lo que sufrió Pierre Seel cuando fue encarado con los temibles SS (las fuerzas de choque del partido nazi) en la comisaría de Mulhouse. [...]




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