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Hermosamente penetrable
 
 
SOBRE LA GRACIA DE UNA MARIPOSA 2016-11-02
Tomado de http://www.revistaarcadia.com/
Por GIUSEPPE CAPUTO - Bogotá

I

Es una escena común: quedamos en juntarnos con el amigo, que corre eufórico cuando nos ve esperándolo. Quizás el saludo es un beso, quizá nos abrazamos. Un saltito de emoción, un: -Mi vida, mi cielo, te he extrañado-, y luego otro saltito, caminada en gancho. -Háblame de ti, cuéntame de tu vida-. Risas ?mano loca por aquí, mano loca por allá? y un mover el cuerpo y la cabeza como si solo fuéramos pelo suelto. Dos mariposas.

Entonces un miedo, la estupefacción. El amigo se congela. Qué fue, qué pasó?, y él: Quieto, viene alguien. Y en esa rigidez, vuelve la pregunta: Pero, qué pasó?. Silencio. Nuestro amigo saca pecho y rompe el gancho, estira la espalda. Dice: Viene un colega, y sigue caminando, cada vez más distante. Saluda al compañero, quizás engruesa la voz. Al despedirse, pregunta: Será que nos vio mariqueando?. En los bolsillos del saco mete las manos, que ya no están locas ni se mueven solas. Él las controla.

II

Hace más de 100 años, Proust escribió una escena similar: Sintiéndose emancipado cuando estaba con monsieur de Charlus, Vaugoubert empleaba un lenguaje que el barón detestaba. Ponía en femenino todos los nombres de hombres? Como además tenía muchísimo apego a su puesto diplomático, sus deplorables y estrepitosas maneras en la calle las interrumpía continuamente el miedo cuando se cruzaba con personas del gran mundo, pero sobre todo con funcionarios? Por ahí va el director de Asuntos Comerciales. Con tal de que no se haya fijado en mi gesto!.

La escena, pues, sigue siendo actual. Qué hay en ella y cómo ilumina la situación descrita al inicio, que podría estar ocurriendo hoy mismo, a esta hora? Más allá de la triste constatación de que, 100 años después, y a pesar de todos los avances de la lucha LGBTI, muchos siguen viviendo la homosexualidad como una realidad vergonzante ?la mirada del macho sigue determinando nuestra conducta y la percepción que tenemos de nosotros mismos?, el texto de Proust permite entender otras cosas: el lenguaje que el barón detesta es un lenguaje usado y creado por un homosexual, pero es también un lenguaje despreciado por otro; la transformación en femenino de los nombres de hombres (Mario se vuelve María) es, más exactamente, lo que hace que ese lenguaje sea a la vez transgresivo y repudiado; el deseo de que la homosexualidad no haya sido destapada revela un deseo de ocultamiento; y en ese sentido, el uso directo de la palabra -miedo- habla por sí solo.

A destacar de ambas escenas: el momento de la actuación. La actuación ?o quizá, mejor, la simulación del macho? no es otra cosa aquí que control y rigidez: la vigilancia del otro que se convierte en vigilancia de uno mismo. En palabras del poeta cubano Severo Sarduy: El macho, ese travesti al revés.

III

Si podemos actuar lo macho, si nos travestimos de machos, qué hacemos o somos cuando mariqueamos? Aunque muchos actuamos amaneramientos y a veces acudimos a la exageración de ciertos gestos considerados femeninos ?cuánta alegría y libertad durante?, también hay que decir lo obvio: que el amaneramiento no siempre es una actuación o simulación consciente, y que el hombre amanerado no imposta: simplemente es. Pienso en Kleist, cuando afirma que la gracia aparece de la manera más pura en la forma corporal humana cuando no tiene conciencia alguna: cuando no se imponen ni la racionalización ni la autoconciencia.

Como el chiste del hombre que sale del gimnasio, musculoso como el que más, caminando fuerte, caminando macho, y de repente ve una araña diminuta: el hombre se asusta, pega un salto, un gritito ?se deja ser?. Entonces le dicen: Ya no eres musculoso sino musculoca!. Y revientan risas, todas las que hay.

En ese hombre y en ese momento aparece la gracia ?la forma corporal sin conciencia? en contraposición a la actuación, a ese haberse travestido de macho. Y con las risas se evidencia lo que Didier Eribon ha destacado como un rasgo característico de la homosexualidad masculina: la polaridad entre virilidad y afeminamiento. El desprecio, el odio en ocasiones, de quienes se complacen en pensarse masculinos o viriles hacia los afeminados.

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http://www.revistaarcadia.com/periodismo-cultural---revista-arcadia/articulo/en-defensa-de-la-homosexualidad-masculina/57212
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