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Sexo - Relatos eróticos

Eduardo era un machito comeculos... hasta esa noche

(Material solo para adultos)

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El sonido de una sirena a lo lejos y el ruido incesante y creciente proveniente de la calle entraban a raudales por la ventana del cuarto de hotel, la luz del día apenas era filtrada por una vieja cortina gris, sucia y mal colgada; serían aproximadamente las once de la mañana.

Sin embargo, pese al ruido y a lo avanzado de la mañana el hombre tendido en la cama apenas daba señales de vida, dormía pesadamente, boca abajo, completamente desnudo. Golpes fuertes en la puerta avisaron al ocupante del cuarto que el tiempo había terminado y lo sacaron lentamente de su letargo; se movió muy lentamente girando en la cama incorporándose hasta sentarse, mientras con ojos entrecerrados miraba a su alrededor.

Al sentarse en la cama de repente volvió a la realidad, su ropa estaba tirada por todo el cuarto, también habían colillas y algunas latas de cerveza como recordatorio claro del sitio donde estaba y de lo que había hecho la noche anterior, por lo menos, de aquellas cosas que podía recordar, le dolía el cuerpo, en especial su espalda y el culo, en el espejo del baño pudo constatar que tenía moretones en los hombros y sus manos dieron fe del dolor que sentía en el culo y de los rastros de algo pegajoso allí, entre las piernas y entre sus nalgas.

Todas las imágenes de la noche anterior se hicieron presentes entonces golpeando fuerte en su memoria; su llegada al bar, el encuentro con el hombre bajito y buena pinta en la barra, las cervezas que se tomó, y si, su llegada al hotel con el hombre bajito y buena pinta. Sonrió para sus adentros mientras movía su cabeza en señal de confirmación, en conclusión, se había traído al macho al cuarto para culearselo toda la noche, pero ahora recordaba como había sido éste quien le había pegado la culiada del siglo.

Su sonrisa, sin embargo, se desdibujó un poco al recordar los detalles de la noche, porque en definitiva, aquello tenía toda la pinta de una violación.

El hombre, bajito, delgado, buena pinta, estaba sentado en la barra fumando con una cerveza al frente; Eduardo desde que llegó al bar le puso el ojo al bajito y en escasos veinte minutos entabló conversación con el hombre, le invitó tres cervezas, le agarró la entrepierna y una vez verificado con ambas manos que lo tenía tan erecto y cachondo como para llevarlo al hotel, salió de allí en los siguientes quince minutos. En el hotel, conocían perfectamente a Eduardo, sabían de su fama de tumba locas y que prácticamente noche por medio se aparecía con un muchacho amaneradito al que mas tarde escuchaban gritar en el cuarto mientras le clavaban; por tal razón, esa noche el administrador tras el mostrador puso cara de extrañeza, de un lado era bastante temprano, apenas iban a ser las diez de la noche, y de otro, el hombre, bajito, buena pinta, de blue jeans y camiseta negra, era todo lo contrario a lo que Eduardo llevaba allí, sin embargo el hombre tomó el dinero que pagó Eduardo y guardó silencio, sonriendo para sus adentros y pensando con acierto, que no hace falta ser amanerado para dar culo.

Ya en el cuarto Eduardo y Camilo, que así se llamaba el hombre bajito buena pinta, se quitaron la ropa y se dieron un baño cada uno por su lado, Eduardo en primer término, de manera que no pudo darse cuenta de los hechos que marcarían la diferencia esa noche; el invitado, desnudo, erecto, con el cigarrillo en sus labios, destapó dos cervezas de las que habían llevado al cuarto y con destreza dejó caer en una de ellas una pequeña pastilla efervescente.

Eduardo no tuvo recelo en recibir la cerveza de manos del hombre que tenía al frente, otras cosas pasaban por su mente, el cuerpo del hombre delgado, definido, tan erecto como un cañón mientras se dirigía al baño; se sentó a la cabecera de la cama a esperar al amante, pero para entonces con la cerveza a medio consumir ya el cuarto le empezaba a dar vueltas, sin embargo todavía no sospechó nada del invitado y para cuando éste salió del baño se limitó a simular que todo estaba bien.

Sin embargo, nada estaba bien, Camilo, el bajito buena pinta a quien Eduardo había llevado al cuarto convencido de que lo clavaría como a todos los que salían con él, le devolvió la sonrisa bobalicona mientras se dirigía a su lado en la cama, totalmente consciente del estado de atontamiento en que éste se encontraba, se sentó a su lado, guió su mano para que terminara de beber su cerveza y comenzó a tocarle su sexo erecto, le besó en el cuello y bajo por su pecho hasta su pelvis. Estando allí, Eduardo no puso resistencia a las manos que lo pusieron boca abajo en la cama, como tampoco se percató de que el muchacho le estaba atando con las sabanas las manos a la cabecera de la cama.

El hombre se tomó un descanso, Eduardo sonreía débilmente con los ojos entrecerrados y a estas alturas no sabía de donde era vecino. Para cuando Camilo le separó las piernas y le ató por los tobillos también a la cama, prácticamente estaba dormido, su cuerpo rendido y casi inconsciente excitaron aún mas al muchacho puesto que comenzó a masturbarse mientras contemplaba desde atrás el culo de Eduardo. Así estuvo un rato, contemplado el cuerpo, rodeando la cama, masturbándose a ratos, sonriendo, disfrutando del cuadro que ofrecía aquel macho totalmente a su merced, mientras analizaba cada uno de los movimientos con los cuales se comería aquel culo apetitoso.

No esperó mucho, se trepó sobre el cuerpo y tomándole por el cabello le sacudió la cabeza para despertarlo, Eduardo abrió los ojos pero no opuso resistencia, sonreía.

-¿Cómo te sientes? ? Le preguntó al oído- ¿Estás cómodo?

Eduardo no contestó, sin embargo empezó a tomar conciencia de que le estaban lubricando el culo, cuando sintió los tres dedos de la mano derecha de Camilo entrando suavemente allí, separando sus nalgas y preparándolo para la enculada. Sin embargo estaba lento, muy lento, no coordinaba, apenas alcanzó a recular un poco cuando sintió el dolor por la incesante entrada y salida de los dedos en su trasero.

-¿Ahora si sientes algo amigo?- Volvió a preguntarle desde atrás mientras le metía los dedos una y otra vez- ¿Qué se siente estar ahí, así, todo para mi?

Eduardo no contestó, solo gimió cuando se percató que Camilo lo estaba penetrando suave pero sin contemplaciones, se frunció contra la cama mientras el muchacho acababa de entrar con todo la extensión de su sexo, en su cuerpo, con fuerza, pero ya no pudo hacer mas. Sintió como el hombre se apoyaba en las manos sobre sus hombros y espalda, sintió como lo clavaba profundo y largo encaramado sobre su cuerpo, apoyado en sus rodillas, le dolió pero no pudo resistirse. Para cuando Camilo eyaculó sobre sus nalgas prácticamente media hora mas tarde, Eduardo ya no sintió el líquido caliente y pegajoso correr por su culo, estaba inconsciente, dormido, totalmente clavado.

Camilo se levantó lentamente, contempló un rato el cuerpo de Eduardo sobre la cama, le acarició y lentamente le desató manos y pies. Sin embargo lo dejó boca abajo y mientras, sentado y todavía desnudo, bebió otra cerveza sonriendo satisfecho de haber consumado su trabajo, el macho alfa tumba locas finalmente conocía las delicias de una buena clavada.

Antes de las dos de la mañana Camilo terminó de beber la cerveza que Eduardo había llevado al cuarto convencido de que lo emborracharía y clavaría; cuando pasó por la recepción el administrador no hizo ninguna pregunta, todavía quedaba harto tiempo, bastante tiempo, no fue sino hasta las once de la mañana pasadas, cuando tocó fuerte a la puerta del cuarto despertando a Eduardo de su letargo y con el culo adolorido.

Pasaban las doce del medio día cuando Eduardo haciéndose el desentendido salió del hotel, había cosas que no recordaba muy claramente, pero otras, como las palabras de Camilo preguntándole como se sentía, el cuerpo desnudo de éste a sus espaldas mientras le cogía, los moretones en sus hombros y el culo adolorido eran recuerdos muy nítidos y confusos en su mente, sentía rabia, se sentía impotente ante lo sucedido, pero al mismo tiempo, mientras caminaba, también sentía lo excitado que estaba.

 

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