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Sexo - Relatos eróticos

Mi pajazo especial, por primera vez en compañía de un chico de natació

(Material solo para adultos)

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Esta es la primera vez que me atrevo a relatar una experiencia de mi vida sexual.

Para comenzar diré que me llamo Jose David, tengo 21 años y hasta hace unos años me consideraba hetero (ahora soy bisex pues me agrada tener sexo también con mujeres). Mido 1,72 y peso 69 kilos. Tengo una verga de tamaño normal (18 cm. de largo y 6 cm. de diámetro).

Tenía 13 cuando comencé mi vida sexual comiéndome toda mujer que se prestaba a saciar mis impulsos juveniles, pero a los 17 me cambió la vida por completo.

Gracias a Dios desde pequeño he tenido un buen físico, pero a los 17 me agarró un virus de gripe que me rebajó de peso en tan solo una semana, era una de esos malestares que te tiran a la cama y te dejan sin ánimos de hacer nada. 

En fin, al sanarme me preocupé demasiado por lo delgado que quedé, entonces me metí en un grupo de natación de un club cerca de mi casa. Entrenaba entre 6 y 7 de la noche. Conmigo entrenaba un chico que ya había visto antes en el colegio pero nunca pensé algo malo de él, era muy discreto, se llamaba Marcos y era de mi edad. 

Una noche, cuando terminamos de entrenar, nos fuimos a la ducha. Algunos chicos vivían un poco retirados de allí así que no se molestaban en bañarse, solo se vestían y se marchaban. Marcos y yo preferíamos darnos una ducha antes de salir del club. 

Las duchas eran estilo colectivo de modo que mientras uno se ducha puede ver a los otros también, eso era perfecto para aquellos momentos en que uno como hombre molesta a otros tirando agua o pegándoles con una toalla, ustedes saben. Bueno a lo que pasó esa noche! Los dos entramos a las duchas, yo inocente de lo que iba a pasar, aún tenía mi traje de baño para lavarlo mientras me bañaba. 

Nos pusimos a hablar para conocernos mejor, nos preguntamos por las novias, por nuestros pasatiempos y claro, el tema del sexo salió a flote. Él me dijo que aunque tenía novia aún se cascaba una pajita de vez en cuando y yo le dije que aun me la hacía pero llevaba mucho sin jalarme la tira.

Todo comenzó a subir de tono cuando él preguntó que cómo me la hacía. Yo no puse malicia y le expliqué que me gusta hacérmela en el baño, aprovechando lo suave del jabón y sacudiendo más de lo habitual. 

Ostenté de que las pajas que me hacía eran magistrales pues suelen durar como 15 minutos mientras que, por conocimientos de mis amigos, ellos suelen durar poco. Marcos me llamó mentiroso, que una paja no dura tanto, que le diera una muestra. 

Yo le dije que estaba loco, que cómo me iba a masturbar en su presencia y él dijo que no me preocupara, que el pajearse con un amigo no tenía ningún problema, que él ya lo había hecho y que le parecía lo más normal. No acepté, a lo que él me dijo que si me parecía él me acompañaba en la paja y así aprovechaba y mediamos tiempos.

Yo no estuve muy seguro y él me convenció haciéndome caer en la cuenta que estábamos solos, que no iba a salir de entre nosotros si ninguno decía algo de lo que pasara. Bueno cuando quise responder Marcos ya estaba completamente desnudo y con el chimbo semi-parolo.

Me pasmé por un momento viendo cómo se acariciaba su pene para agrandarlo mientras era mojado por el agua y no sabía porqué el mío estaba también creciendo, me sentí un poco sucio por dentro pensando que mi excitación era muestra de que era gay y que toda mi vida estuve equivocado acerca de mi identidad. Marcos me miró y me dijo que qué esperaba para unirme pues ya había visto que yo estaba preparado. 

Mi calentura desplazó la razón que me abordaba y me dije a mí mismo: ?no sé si esto es normal en la vida del hombre pero lo voy a hacer? además hacía mucho tiempo que no me la hacía y no había tenido sexo con nadie en esos días, estaba caliente desde días atrás y no me iba aguantar un día más.

Me quité mi pantaloneta, unté de jabón mi pene y empecé a hacerme la paja especial, jalando el cuerito hasta el fondo y presionando con mi cuerpo hacia fuera, hasta que las venas sobresalieran. Con mi otra mano acaricié mi cabecita roja del apretón, esto te hace sentir como si te vinieras pero no te vienes. Luego una especie de mete y saca pero con la mano, otro estirón y así intercalando vas hasta soltar la leche. Tenía mis ojos cerrados imaginando a mi novia desnuda y chupándomelo.

En un momento me dio por abrir mis ojos y vi que Marcos me miraba mientras se masturbaba.

- Estás muy caliente, ¿no?- Dijo Marcos.
- Sí, es que hace mucho que nada de nada con nadie, ni conmigo.- Respondí sin dejar de hacérmela.

El hecho de sentirme observado no me molestó, por el contrario, me excitó aún más.

- La tienes buena!- Me dijo.
- ¿Qué cosa?
- La verga! Me gustas mucho? ¿en qué piensas?
- En mi novia.
- Crees que te la está chupando?

El saber que le gustaba a un ?mancito? me provocó algo inusitado le dije:
- ¿Te gusta mi verga? Te la presto un momento.
- Para?
- Usa tu imaginación. Hazle lo que quieras.

No dudó nada y se abalanzó a chupármela. Lo hacía muy bien, mejor que cualquier chica que me hubiese comido. Me recosté contra la pared y él comenzó a chupar por la cabecita, la besó, la lamió como un helado y luego pasó su lengua y labios desde la punta hasta la base y volvió.

Él cogía mis huevitos y jugaba con ellos usando las manos y la boca. Luego me pasó su mano izquierda por la raya de mi culo, lo que me hizo excitar más. Acarició mis nalgas. Me dio vuelta para darme un beso negro, que es algo que me fascinaba, allí era donde quedaba el punto secreto de mi deseo, pocas lo habían encontrado y mi primer hombre lo encontró sin dificultad.

Me besó, me lamió, me hizo sentir muy deseoso de correrme. Le dije que se pusiera en cuatro pero no quiso porque era virgen por detrás, entonces le dije que me la chupara hasta venirme y lo hizo, cogió con su mano derecha mi pene y mientras me hacía una paja lo tenía medio metido en su boca.

Yo gemía en señal de venirme, él se sacó el chimbo de la boca, le dio unos últimos jalones y todo mi semen empezó a salir y él se lo echó en su pecho para esparcirlos con su mano ya que no le gustaba tragarse la leche. Se levantó y me dijo: - Ves, no duras lo mismo que yo.

Marcos aún estaba parolo y me propuso que le jalara una de mis pajas especiales. Yo tomé mi traje de baño, lo enjaboné y con él en mi mano tomé su palo y comencé a masturbarlo. Esto me excitó nuevamente y él cogió el mío en su mano y también me masturbó otra vez. Así estuvimos un rato hasta venirnos los dos juntos y dejar nuestro semen allí, en el suelo de las duchas.

Ese recuerdo aún me arrecha y me obliga a jalarme la verga más de una vez. Marcos y yo nos hablamos todavía, no comenzamos una relación pero sí tenemos nuestras aventuras de vez en cuando. Eso me da pie para otras historias.

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