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Sexo - Notas sobre sexo

Los secretos del pene

(Material solo para adultos)

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Empecemos por entender ¿por qué tiene esta forma?.

Si alguna vez has observado detenidamente un pene humano, el tuyo o cualquier otro, probablemente te habrá llamado la atención la forma tan peculiar de este dispositivo.

Digámoslo claro !   es el apéndice más intuitivamente diseñado de toda la evolución. De acuerdo con el psicólogo evolucionista Gordon Gallup de la Universidad de Nueva York en Albany, el pene humano es en realidad una herramienta impresionante en el más genuino sentido de la palabra, un instrumento fabricado por la naturaleza a lo largo de cientos de miles de años de evolución humana.

Seguramente te sorprenderá descubrir lo altamente especializada que es esta herramienta. Además, te podrá sorprender lo que su apariencia nos puede decir sobre la naturaleza de nuestra sexualidad.

Lo curioso sobre la evolución del pene humano es que, para algo que difiere de manera tan obvia en forma y longitud respecto al de nuestros parientes vivos más cercanos, los investigadores sólo han empezado a estudiarlo con detalle en años recientes. Las razones de esta negligencia no están claras, pero la razón más probable es el cachondeo intrínseco que lo rodea o, en relación con esto, la facilidad con la que agita e incomoda los sentimientos puritanos de algunos.

Hace falta ser un tipo especial de científico psicólogo para decirle a la viejecita que se sienta a tu lado en un vuelo a Denver y te pregunta a qué te dedicas, que estudias cómo la gente usa su pene. Pero pienso que etiquetarla como un área de estudio cruda o desagradable dice más del crítico que del investigador.

Y si piensas que solo existe una manera de usar el pene, que se trata meramente de un instrumento para la fertilización interna y que no requiere más pensamiento, o que el tamaño no importa, bien, esto sólo demuestra cuánto puedes 
aprender de los resultados de la investigación de Gallup.

El estudio de Gallup sobre el diseño del pene humano es un ejemplo perfecto de ?ingeniería inversa? tal como se usa el concepto en el campo de la psicología evolutiva. Se trata de una investigación lógico-deductiva que pretende descubrir el objetivo adaptativo o la función de rasgos físicos existentes (o extantes), procesos psicológicos o predisposiciones cognitivas.

Es decir, si empezamos con lo que podemos observar hoy en día  en este caso, la singular forma del pene, con su glande bulboso (lo que llamamos la cabeza en el lenguaje popular), su largo y rígido tallo, y la cresta en forma de corona que forma una especie de labio-paraguas entre estas dos partes y miramos atrás, hacia cómo llegó a tener la forma actual, el ingeniero-inverso es capaz de postular un conjunto de hipótesis basadas en la función derivadas de la teoría de la evolución.

En el caso que nos ocupa hablamos de penes, pero la lógica de la ingeniería inversa puede aplicarse a todo lo orgánico, desde la forma de nuestros incisivos, a la oponibilidad de los pulgares, al arco de nuestras cejas.

Para el psicólogo evolucionista, las cuestiones candentes son, esencialmente, ¿por qué tiene esta forma? y ¿para qué sirve? La respuesta no es siempre que se trata de una adaptación biológica  que solucionó algún problema evolutivo y por lo tanto dio a nuestros ancestros un margen competitivo en términos de éxito reproductivo.

A veces un rasgo es simplemente un subproducto de otras aplicaciones. La sangre no es roja, por ejemplo, porque el rojo es más funcional que el verde, el amarillo o el azul, sino sólo porque contiene hemoglobina, una proteína roja, que resulta ser un excelente transportador de oxígeno y óxido de carbono. Pero en el caso del pene humano, parece ser que existe una genuina razón adaptativa para que sea como es.

Si uno examinara el pene objetivamente (por favor no lo hagáis en un espacio público o sin el permiso de la otra persona) y comparamos la forma de este órgano con el de otras especies, notaría las siguientes características humanas únicas.

Primero, a pesar de la variación del tamaño entre individuos, el pene humano erecto es especialmente largo comparado con el de otros primates, midiendo de promedio entre cinco y seis pulgadas de largo y cinco de circunferencia. (A menudo en esta columna relato la ciencia que tengo a mano, pero quizás esta pieza en particular será mejor escribirla sin mis generosas dosis de anécdotas).

Hasta el chimpancé mejor dotado, la especie más cercana a nosotros, ni se aproxima a esto. No sólo eso, sino que después de corregir para masa total y tamaño del cuerpo, sus penes miden la mitad de los penes humanos tanto en longitud como circunferencia. Me temo que soy una fuente más fiable en este asunto que muchos otros.

Habiendo pasado los primeros cinco años de mi vida académica estudiando la capacidad cognitiva social de los grandes simios, he visto tantos penes que mejor me callo. Una vez pasé un verano con un gorila de espalda plateada de 450 libras que tenía el paquete de una avispa (un gran tipo, a pesar de todo), y cuidé de un orangután joven a quien le gustaba insertar el pene en cualquier cosa con orificio, un día, incluso, desafortunadamente, mi oreja.

Además, sólo nuestra especie posee un distintivo glande en forma de hongo, conectado al tallo por un fino tejido que denominamos frenillo (el delicado lóbulo de piel situado justo debajo de la uretra). Chimpancés, gorilas y orangutanes tienen un falo con un diseño mucho menos extravagante, más o menos sólo tallo.

Resulta que uno de los rasgos más significativos del pene humano no es el glande en sí, sino la cresta coronal que se forma abajo. El diámetro del glande al juntarse con el tallo es más ancho que el tronco en sí.

Esto resulta en la cresta coronal, que corre alrededor de la circunferencia del tallo -y que llevó a Gallup, usando la lógica de la ingeniería inversa, a pensar que esto era una importante pista evolutiva sobre el origen de la extraña forma del pene humano.

Sin embargo, no se me escapa la ironía. Pero a pesar de que éste particular psicólogo (yo) es gay, para los objetivos de la investigación debemos considerar la evolución del pene humano en relación con la vagina femenina. Estudios con imágenes de resonancia magnética de parejas heterosexuales practicando sexo revelan que, durante el coito, el pene típico se expande completamente, ocupando el tracto vaginal, y que con una penetración plena puede incluso alcanzar la cerviz y elevar el útero.

Esto, combinado con el hecho de que la eyaculación se expele con gran fuerza y a una distancia considerable (hasta casi un metro si no se contiene), sugiere que los hombres están diseñados para descargar su semen sobre la mayor posible superficie superior de la vagina.

De esta manera, en un estudio teórico publicado en 2004 en Evolutionary Psychology por Gallup y Rebecca Burch, conjeturan que: 

Un pene más largo no sólo habría sido una ventaja evolutiva para diseminar la mayor parte de semen posible en los rincones menos accesibles de la vagina, sino que llenando y expandiendo la vagina, también ayudaría e incitaría el desplazamiento del semen dejado por otros machos para maximizar las posibilidades de lograr la propia paternidad.

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